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Las Brujas de Zugarramurdi

Brujas en la hoguera

España es uno de esos países caracterizados por tener historias místicas impregnadas de cuentos y leyendas sobre paganos medievales. Sin embargo, como dice el dicho “si el río suena es porque piedras lleva”.

A lo largo de la humanidad el ser humano ha presenciado cientos de fenómenos que no se les ha podido dar explicación, bien sea por la falta de recursos para acceder a los conocimientos y verdades preexistentes, o bien porque simplemente no los tenga.

No obstante, cuando  la historia registra hechos acaecidos por el ser humano, éstos tengan explicación o no, no se pueden negar y deben ser contados.

Historia general de las Brujas

Rituales de brujas

Las brujas hacen parte de estos fenómenos sociales que tanto han convulsionado a las culturas por su enigmático halo misterioso. De hecho Bruja es un término que, a día de hoy, se desconoce su origen real, no existe un consenso sobre su etimología, por más que algunos aleguen su procedencia Egipcia y otros Nórdica. Lo que sí se puede afirmar, es que ha estado “arrastrando el lastre” del estigma social, en la cual se les ha imputado cargos de índole malévolos sin ningún hecho demostrable que lo avale.

Si revisamos la historia, las brujas fueron condenadas por injurias alimentadas por el ideario colectivo. Se creía que eran  mujeres que usaban magia para brindar tributo al diablo o para hacer daño a otros. Lo cierto es que las mujeres que se dedicaban a la investigación de plantas medicinales, a la creación de brebajes, a la curación de enfermedades y a la indagación de lo espiritual eran consideradas Brujas.

Eran mujeres libres y empoderadas. Las antiguas feministas curanderas. Sin embargo, estaban sumidas en una época cultural misógina y patriarcal  que las humilló y las condenó a la inopia e incluso a la muerte por muchos siglos.

Las Brujas han pagado condenas severas e injustas.

Esta es la historia de las Brujas de Zugarramurdi

Cueva de Zugarramurdi

Zugarramurdi es un lugar al norte de España frontera con Francia. Se trata de un pueblo con menos de 300 habitantes, ubicado en la geografía Navarra de Xareta. Pequeño pueblo rodeado de naturaleza y amplias praderas, conformada por pinos enormes y una majestuosa cueva que hace parte del paisaje.

Esta cueva moldeada por caudalosas aguas que pasan por allí, es una de sus particularidades más exóticas y mágicas del lugar y su fama se debe a que era el lugar de encuentro para la celebración de “akelarres” que organizaban las brujas. Sin embargo, la historia está allí asentada por varios siglos, concretamente  el siglo XVII  para recordar a cada persona, que la visita y la habita, una época oscura y triste que atravesaron muchos de sus antepasados. Esta es una historia asumida y contada por quienes viven allí con mucha dignidad y respeto.

Acontecimientos históricos

Aquelarre de brujas

La cosmovisión de la cultura Vasca, antes de la llegada del cristianismo, se basaba en la Diosa Mari o Maddi, Gran Madre. Se dice que las mujeres Vascas hacían sus aquelarres en la cueva, hoy en día llamada la “Cueva de las Brujas”.

A propósito del origen de los términos, la palabra akelarre proviene de la etimología Vasca, de Ake: Cabrón y Larre: Prado, por tanto también llamado: Prado de Macho Cabrón. Allí, realizaban sus propios brebajes, cremas y tratamientos curativos extraídos del medio natural. Mientras los hombres se dedicaban al trabajo en altamar.

Esta cultura que iba en contra de la visión cristiana, los llevó a ser protagonista de la mayor cacería de brujas de la historia de la humanidad, por parte de la Santa Inquisición Española.

Y allí en Zagarramurdi, los acontecimientos del pueblo se debieron a supuestos encuentros paganos que se realizaban en la cueva de las brujas. Allí se celebraban prácticas paganas, que posteriormente fueron denunciados ante el Tribunal de la Inquisición. Tales sucesos tuvieron un  impacto fuerte en la sociedad, llegando a traspasar todas las fronteras nacionales.

Fue un eco que se escuchó hasta en los confines más recónditos de Europa. Al llegar a los oídos de la Inquisición, este organismo, máximo representante del Cristianismo, se encargó de condenar a medio centenar de personas, acusándolas de practicar brujería.

En 1608, empiezan a surgir las investigaciones contra las personas del pueblo Vasco y otros aledaños. Cuentan que todo surgió por la denuncia de una joven vecina, ella sostenía haber sido bruja y que sus familiares también.

Existe otra versión que sostiene que realmente fue una vecina de Zugarramurdi que soñó que sus vecinos hacían aquelarres en la cueva y los denunció. La cuestión es que, independientemente de saber cuál versión se corresponde con la realidad, lo que consta, es que el Abad de Urdax (máxima figura de una abadía cristiana) llevó la denuncia de aquella vecina, a los tribunales de la Santa Inquisición en Logroño. Lo que desató una comisión de investigación en la zona.

Los rumores aumentaban y la Inquisición tomó medidas de precaución poniendo bajo sospecha a más de 300 personas, con el fin de asegurarse de atrapar a los culpables que atentaban contra los valores cristianos.

Los ánimos de los aldeanos se crisparon, viviendo momentos de tensión y ruptura vecinal. Finalmente la cifra de brujas sospechosas se redujo a unas 50, que después se trasladaron a la cárcel de Logroño e iniciaron el juicio denominado el “Proceso de Logroño”. Proceso que alcanzó la fama Internacional.

En este período hubo acusaciones horripilantes, en las que muchas mujeres admitieron confesiones sobre prácticas como el infanticidio, el canibalismo, y otras de índole sexual con ceremonias incestuosas y orgías. Las mujeres fueron coaccionadas para confesar “verdades”. Algunas nunca admitieron ser brujas ni haber cometido ningún crimen.

Estas “brujas” fueron condenadas a la hoguera y quemadas vivas junto con otros prisioneros acusados de herejes. Otras murieron en prisión. 

Al menos a una veintena de personas, se les perdonó la vida a través del proceso “Acto de Fe”

El acto de Fe

Perdón a las brujas

Con el “Acto de Fe” celebrado en Logroño a principios de noviembre de 1610, muchos de los acusados apelaron a la misericordia del tribunal tras haber confesado sus pecados y a éstos se les fue perdonada la vida.

Las personas que ya habían fallecido en la cárcel, en un acto simbólico, se quemaron estatuillas en representación de su condena pública y rechazo. Al menos seis mujeres fueron quemadas vivas en la hoguera porque se resistieron a aceptar los cargos imputados. Centenares de personas, incluso provenientes de Francia, asistieron al ajusticiamiento.

Esta celebración se emprendía con una procesión, en la que asistieron mil personas, notarios de la Inquisición, familiares de los acusados, representantes de iglesias y los penitentes que debían pagar sus pecados con latigazos.

Las personas que serían quemadas vivas, hombres y mujeres, iban vestidos con Sambenitos (similar al escapulario). Éstos eran de color negro como significado de que iban a ser condenados a muerte.

Los perdonados también se distinguían con Sambenitos de otro color y gorro de punta que significaba el arrepentimiento y penitencia.

En la misma procesión iban las personas con los prisioneros fallecidos en los ataúdes y las correspondientes estatuillas. Para completar toda la ceremonia, estaban los secretarios del tribunal de la Santa Inquisición y los inquisidores de la corte de Logroño.

Por último e importante, un burro con un baúl que contenía los veredictos.